Enfermera pone un pulsioxímetro a un hombre mayor en triaje; al fondo, tras un cristal, otra ajusta un respirador

SEMES rechaza la especialidad enfermera de urgencias y UCI

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Veinticuatro meses de residencia. SEMES los quería para formar enfermeras solo de urgencias y emergencias. La especialidad que Sanidad empezó a tramitar el lunes 26 dura lo mismo y los reparte entre la UCI, el box, la ambulancia y el centro coordinador. El martes, la sociedad científica respondió con un comunicado de rechazo.

Una solicitud firmada por las sociedades enfermeras

El lunes 26 de octubre, la Comisión de Recursos Humanos del Sistema Nacional de Salud acordó iniciar la tramitación de la especialidad de Enfermería de Críticos, Urgencias y Emergencias. Según la nota del Ministerio de Sanidad, el programa propuesto dura dos años por el sistema de residencia, con rotaciones tuteladas en cuidados intensivos, urgencias hospitalarias, unidades móviles y centros de coordinación. Entre las competencias figuran la clasificación de pacientes por prioridad, el soporte vital, los cuidados de la ventilación asistida, la coordinación de traslados y la respuesta a incidentes con múltiples víctimas.

La Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES) difundió al día siguiente un comunicado en el que habla de «sorpresa y profundo malestar». Su sección de enfermería, que según la propia sociedad reúne a más de 2.500 profesionales, entregó a Sanidad el 9 de marzo una propuesta de especialidad solo de urgencias y emergencias. Dice que no ha recibido respuesta. Suma apoyos territoriales: proposiciones no de ley aprobadas en los parlamentos de Murcia, Galicia y Canarias, y el respaldo público de la Comunitat Valenciana, Navarra, La Rioja, Extremadura y Castilla-La Mancha.

El comunicado no dice quién pidió la fusión. Según la nota de Sanidad, la solicitud la presentaron la Sociedad Española de Enfermería Intensiva y Unidades Coronarias (SEEIUC) y la Sociedad Española de Enfermería de Urgencias y Emergencias (SEEUE). La sociedad enfermera de urgencias firmó la especialidad conjunta. Quien se opone es la sección de enfermería de una sociedad científica médica, y la disputa es también lo que parece: una pugna entre sociedades por un territorio profesional.

Lo que cabe en veinticuatro meses

SEMES fijó su posición en un comunicado del 24 de septiembre. Describe la urgencia como trabajo en el caos, en la calle, en los domicilios, en la ambulancia y en incidentes con múltiples víctimas, y la UCI como un entorno controlado y protocolizado. Calcula que menos del 5 % de los pacientes de urgencias acaba en una unidad de críticos, sin decir de dónde sale la cifra. Y aporta una encuesta interna en la que el 86 % de sus enfermeras consultadas prefiere una especialidad separada.

El 15 de octubre, SEMES celebró en La Fe de Valencia sus primeras jornadas de enfermería. Allí explicó, según recogió ConSalud, que su modelo dedicaba más del 70 % de esos dos años a lo propio de urgencias: triaje avanzado, paciente inestable, catástrofes y coordinación de emergencias. El programa conjunto mantiene los dos años y añade la UCI como rotación. La nota de Sanidad no dice cuántos meses pasará cada residente en cada sitio, pero la cuenta es sencilla, y cada mes en intensivos sale de alguno de los otros tres destinos.

Esa es la parte del argumento de SEMES que se sostiene. El triaje, la regulación telefónica, el soporte vital en la calle y el manejo de una sala desbordada no se aprenden en una UCI. Un programa compartido corre el riesgo de ordenarse alrededor del paciente crítico ya ingresado, el que llega con cama, monitor y protocolo. En cuarenta años de puerta de urgencias aprendí que el crítico suele ser alguien a quien todavía nadie ha llamado crítico, sentado en la sala de espera con los demás. Encontrarlo es el oficio.

Un 85,6 % y un 67,10 %

La versión más honesta del argumento contrario dice que el paciente no distingue entre fases. Lo recoge una ambulancia y, si es grave, acaba en una UCI. Una formación común ayudaría a que los cuidados no se rompan en cada traspaso. Es la justificación de Sanidad. El presidente del Consejo General de Enfermería, Florentino Pérez Raya, respalda la propuesta. El lunes defendió en ConSalud que las competencias compartidas entre los tres ámbitos superan el 80 %, con un estudio publicado este año en Enfermería Intensiva como base.

Ese estudio lo firman María del Carmen Duque del Río y siete coautores. Combinó un cuestionario respondido por 3.476 enfermeras, un consenso Delphi con 302 expertas y un análisis de intervenciones y diagnósticos enfermeros. Su resumen da dos cifras. Asocia un 85,6 % a la alta frecuencia de las intervenciones específicas, como la oxigenación o la comunicación crítica, en UCI, reanimación, urgencias y soporte vital avanzado. Y sitúa la coincidencia global en las intervenciones en el 67,10 %. La primera cifra apoya la lectura del Consejo y la segunda la rebaja.

El estudio tiene además dos límites que importan aquí. Mide con qué frecuencia las enfermeras hacen cada intervención, y eso describe el trabajo, pero no demuestra que una formación común prepare igual de bien para el triaje que para el respirador. Y se publicó en la revista que es órgano de expresión de la SEEIUC, una de las dos sociedades solicitantes. La encuesta de SEMES tiene el mismo problema visto desde el otro lado, porque pregunta a sus propias enfermeras qué prefieren. Ninguna de las partes ha presentado datos de resultados en pacientes según cómo se forma la enfermera que los atiende. Eso, hoy, no se sabe.

Un real decreto a un mes de las urnas

El precedente que citan las dos partes está en el Real Decreto 450/2005, que creó siete especialidades enfermeras. Veintiún años después, seis forman residentes y la de Cuidados Médico-Quirúrgicos sigue sin desarrollarse, como recordaba Infobae el lunes. SEMES lo usa como aviso contra los títulos demasiado anchos. Pérez Raya, como aviso contra los que se quedan en el papel: «no basta con aprobar un título».

Queda el calendario. Ese mismo decreto reserva al Gobierno la creación de especialidades. Antes deben informar la Comisión de Recursos Humanos, el Consejo Nacional de Especialidades en Ciencias de la Salud y el Consejo General de Enfermería. Lo del lunes es el arranque de ese trámite. La medicina de urgencias necesitó su propio real decreto, el 610/2024. Las elecciones generales son el 29 de noviembre, y el Gobierno que firme el de enfermería, o que lo aparque, puede no ser el que abrió el expediente. El 15 de octubre SEMES pedía que el adelanto electoral no frenara la especialidad. Once días después se tramita una, aunque no la suya. Hasta la tarde del martes, la sala de prensa de Sanidad no recogía ninguna respuesta al comunicado.

Veinticuatro meses, entonces. Falta saber cuántos pasará una residente en el triaje de un hospital comarcal un lunes de enero, y cuántos junto a un respirador, con la cama ya asignada.

Lo esencial

El 26 de octubre, la Comisión de Recursos Humanos del SNS empezó a tramitar una especialidad enfermera conjunta de críticos, urgencias y emergencias, pedida por SEEIUC y SEEUE. SEMES la rechaza y defiende una especialidad solo de urgencias. El riesgo de que dos años repartidos entre cuatro destinos recorten el triaje y la calle es real. La evidencia de ambas partes es descriptiva, y el decreto que cree la especialidad dependerá del próximo Gobierno.

La valoración de Troponina. La enfermería de urgencias lleva dos décadas esperando una formación reglada, y que el expediente se abra es una buena noticia aunque llegue por la puerta conjunta. Sanidad debe publicar cuanto antes el reparto de meses por rotación, porque ahí se decide si el triaje y la regulación son una parte del programa o un apéndice. Y la discusión mejorará el día que SEMES, SEEUE y SEEIUC se sienten juntas a tenerla con datos de resultados en pacientes sobre la mesa.

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Fuentes

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