Niño pequeño con mascarilla de oxígeno en una camilla de adultos, su madre al lado, una enfermera y un médico con una tableta

Cierran UCI pediátricas en EEUU y el niño crítico espera en urgencias

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Desde este mes, el niño que necesite ventilación mecánica en Missoula (Montana) se estabilizará en el hospital y saldrá hacia otra UCI pediátrica, la más cercana dentro del estado a unos 240 kilómetros. Montana se suma a Oregón y Misuri. Entre 2008 y 2022, Estados Unidos perdió casi el 30 % de sus plantas de hospitalización infantil.

Dos niños al mes y ningún intensivista en la ciudad

Community Medical Center, el hospital de Missoula, atendía unos dos niños críticos al mes, unos 25 al año, según su consejero delegado, Greg Cook, en el reportaje de Katheryn Houghton para KFF Health News que ha republicado CBS News. El último intensivista pediátrico que vivía en la ciudad se jubiló hace ocho años, y desde entonces la unidad ha funcionado con especialistas que llegaban en avión por turnos.

El hospital evita la palabra cierre. Según el diario local Missoulian, el cambio, en vigor desde el 1 de octubre, retira al intensivista de la unidad y lo sustituye por telemedicina las 24 horas. En la planta quedan los pediatras hospitalistas, sin la subespecialidad de intensivos, y el niño que necesite más irá a un hospital infantil.

Varias decenas de enfermeras y terapeutas respiratorios firmaron el 11 de junio una carta abierta en contra. Su argumento es de box. El hospital no tiene contrato de anestesia pediátrica las 24 horas, y la sedación profunda para una punción lumbar o un drenaje torácico la hacía muchas veces el intensivista. Sin él, temen retrasos justo cuando menos margen hay. Pedían cuidados «a pie de cama, no a través de un iPad».

La misma carta admite que el programa pediátrico pierde dinero. El hospital pertenece desde 2018 a Lifepoint Health, una cadena con ánimo de lucro que declara en su web más de 10.000 millones de dólares de ingresos anuales y que el fondo de capital riesgo Apollo Global Management compró ese mismo año. En 2025, según Cook, el hospital invirtió casi 14 millones de dólares, entre otras cosas en un segundo robot quirúrgico. Cook sostiene que la decisión responde a la calidad más que al dinero. Puede ser cierto, pero nadie ha publicado lo que costaba la unidad ni lo que cuesta el modelo que la sustituye, y sin esas dos cifras no hay forma de comprobarlo.

De 1.749 a 1.226 hospitales con planta infantil

Lo de Missoula tiene una serie detrás. Un estudio publicado en JAMA Pediatrics en 2025 por Kenneth Michelson, del Lurie Children’s Hospital de Chicago, y dos coautoras revisó la encuesta anual de la Asociación Americana de Hospitales. Los centros con planta de hospitalización infantil pasaron de 1.749 en 2008 a 1.226 en 2022, un 29,9 % menos, mientras las plantas de adultos bajaron un 4,4 %. Según el reportaje, en 2022 tres de cada cuatro hospitales del país ya no ingresaban niños. El estudio cuenta plantas, no UCI pediátricas.

Entre las causas posibles, los autores citan que una cama de adulto deja más ingresos que una infantil, la falta de personal pediátrico, la mayor complejidad de los niños que ingresan y las camas reconvertidas durante la pandemia que no volvieron a su uso. Elizabeth Mack, portavoz de la Academia Americana de Pediatría, lo resume en el reportaje como «una cuestión de hoja de cálculo».

Las cuentas pueden empeorar. Medicaid, el seguro público para rentas bajas, cubre con su programa infantil a cerca de la mitad de los menores del país, y la Administración Trump ha endurecido requisitos y trámites que, según el reportaje, también dejan a niños sin cobertura.

La capacidad perdida se nota en los picos. Michelson recuerda que en 2022, con la ola de virus respiratorio sincitial, urgencias pequeñas llegaron a llamar a diez, quince o veinte hospitales para colocar a un solo niño, y cree que volverá a pasar.

Las horas que nadie cuenta

Cuando una UCI pediátrica cierra, el niño crítico sigue llegando y se queda con quien lo recibe hasta que aparece el transporte. En Missoula serán los hospitalistas con el intensivista en una pantalla. En los hospitales pequeños del oeste de Montana, que derivaban a Missoula, la cadena suma kilómetros o un eslabón más.

Lo que pasa en esas horas pesa. Un estudio de cohortes publicado en JAMA Network Open en 2023 siguió a 796.937 niños atendidos en 983 urgencias de once estados entre 2012 y 2017, y midió la preparación pediátrica de cada servicio en personal, protocolos, material y coordinación. Frente al cuartil menos preparado, recibir la primera atención en el más preparado se asoció a una odds de muerte hospitalaria un 60 % menor en niños con lesiones y un 76 % menor en niños con enfermedad médica. En números absolutos, los autores estiman que con todas las urgencias en el cuartil alto se habrían podido evitar 1.442 muertes en la muestra. Es un estudio observacional que no separa la preparación de lo que la acompaña, pero señala dónde mirar.

El reportaje de KFF no da tiempos de traslado ni resultados de los niños derivados, y ese es el dato que importa. Raj Basu, jefe de cuidados críticos del Lurie, tiene la sensación de que los niños llegan algo más graves, aunque admite que faltan datos para probarlo. Desde la guardia, ese intervalo se mide en la dosis calculada dos veces por peso y en la familia que pregunta cada poco cuánto falta.

Lo que sí sostiene el argumento del volumen

La versión más honesta del argumento contrario dice que una unidad con dos ingresos al mes no puede mantener entrenado a su equipo, y que el niño grave está mejor en un centro que ve cientos. Basu advierte en el reportaje de ese riesgo, y hay datos a favor. En 1997, The Lancet publicó la comparación entre la red de pequeñas UCI pediátricas de Trent, en Inglaterra, y la unidad única de Victoria, en Australia, con más mortalidad ajustada en Trent.

Aun así, la evidencia es menos limpia que el argumento. El análisis estadounidense más amplio, de 2016 y con la mayor base clínica de UCI pediátricas del país, no encontró menos mortalidad ajustada en las unidades grandes, y en los niños más graves vio lo contrario; sus autores lo achacan antes a factores de confusión o a escalas de gravedad mal calibradas que a una mejor atención en las pequeñas. Todos son estudios observacionales, y ninguno mide lo que ocurre antes de que el niño llegue a la cama. No tengo un dato que tumbe la idea de que una UCI con dos ingresos al mes rinde peor. El argumento del volumen deja sin contestar quién sostiene al niño mientras tanto, y con qué.

Basu y Michelson proponen redes regionales con protocolos de traslado pactados, más fondos federales y mejores tarifas de Medicaid. Centralizar puede ser razonable. En Missoula, el cambio ha llegado antes que esa red.

En 2022, una niña de casi dos años con meningitis bacteriana voló unos 160 kilómetros desde Helena hasta la UCI pediátrica de Missoula. Pasó allí más de una semana, y su madre cree que aquellos médicos le salvaron la vida. Hoy, que pudiera quedarse en Missoula dependería de lo grave que llegara. Si no pudiera, ¿cuántas horas más esperaría, y quién las anotaría?

Lo esencial

Community Medical Center, en Missoula (Montana), ha retirado este mes a los intensivistas de su UCI pediátrica y los sustituye por telemedicina; el niño que necesite ventilación se estabilizará y se trasladará. Estados Unidos perdió casi el 30 % de sus plantas infantiles entre 2008 y 2022. Las urgencias mejor preparadas para niños se asocian a menos mortalidad, pero el reportaje no aporta tiempos de traslado ni resultados de los niños derivados.

La valoración de Troponina. Un hospital que ha podido pagar un segundo robot quirúrgico debe a sus pacientes las cuentas de la unidad que retira. Concentrar los cuidados intensivos pediátricos puede tener sentido con urgencias preparadas, transporte suficiente y un registro público de tiempos y resultados de cada traslado. Ese registro tendría que existir antes de cerrar, y en Missoula nadie lo ha presentado.

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Fuentes

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