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El Estatuto marco la huelga 23 septiembre 2025 y Servicios de Urgencias en sanidad

La movilización del pasado 16 de septiembre no fue un estallido aislado, sino el diagnóstico de un cuerpo agotado. SATSE, CCOO, UGT, CSIF y CIG impulsaron una protesta que no exigía lujos ni milagros, sino algo más básico: reconocimiento profesional, retiro digno y horarios que no devoren la vida personal. Una tríada de demandas que, en cualquier otro sector, sonarían elementales; en Urgencias, suenan a revolución.

La ironía —dolorosamente obvia— es que quienes más entienden de urgencias, son los últimos en ser escuchados con urgencia. El Ministerio de Sanidad propone limitar guardias a 17 horas y reforzar descansos. Bien. Pero esa medida, sin plantilla suficiente ni calendario claro de implementación, es como ofrecer una camilla sin colchón: mejor que nada, pero insuficiente para sanar. Además, se lava las manos derivando la ejecución a cada comunidad autónoma, es decir, delega la presión en quienes ya están al borde del colapso organizativo.

Aquí no hablamos solo de convenios. Hablamos de servicio. Sin estabilidad, no hay continuidad asistencial. Sin reconocimiento, no hay motivación. Sin descanso, no hay reflejos. Y sin reflejos, una decisión médica puede cambiar no solo una guardia, sino una vida. Aplazar las soluciones es aceptar más rotaciones, más fugas de talento, más médicos noveles aprendiendo solos en turnos imposibles. ¿Se imaginan un quirófano dirigido por un equipo que cambia cada tres semanas? Pues eso pasa. A diario.

Tampoco ayuda que no todas las voces se unan. CESM y algunos colegios profesionales han preferido caminos paralelos, criticando el Estatuto propuesto sin sumarse a esta convocatoria concreta. Esa falta de cohesión debilita la negociación y da margen a la inercia: cuando los profesionales no van a una, los burócratas siguen su paso lento y ceremonioso.

España no necesita reformas simbólicas, sino estructurales. Una jornada laboral realista, una carrera profesional que deje de ser una selva opaca, y una financiación finalista que no dependa de la meteorología o de la voluntad del consejero de turno. No se trata de un favor, sino de justicia. No de una mejora opcional, sino de una condición de supervivencia del sistema.

El 23 de septiembre se abre otra mesa. Ojalá no sea otra mesa camilla para esconder papeles, sino una mesa quirúrgica: con bisturí, con precisión, con compromiso. Porque en Urgencias, lo urgente no puede seguir siendo invisible.

Dr. Ricardo Villanueva

montejucar

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Médico de urgencias y emergencias. Hospital la Ribera de Alzira. Valencia España. ricardin@gmail.com

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