Servicio de Cabueñes. Gijon. Un tercio de los 100.000 pacientes que fueron a urgencias no deberían haber acudido

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Hay personas que sin ser enfermos crónicos acuden hasta en treinta ocasiones a las urgencias de Cabueñes en un año. Otros, si están aquejados de estreñimiento, se presentan allí cada cuatro días. En una ocasión, un hombre llegó al servicio quejándose del dolor provocado por un corte de pelo. Sin tratarse necesariamente de casos tan extremos, el 33% de las personas que son atendidas en urgencias son clasificadas en el triaje con el color verde, que en la inmensa mayoría de los casos no se corresponde con una urgencia mayor y debería ser atendida en los centros de Atención Primaria. El 48% son amarillo, aquellos que no deberían esperar más de una hora para ser atendidos. Y solo el 17% son naranja, ya considerado emergencia vital. El rojo se reserva principalmente para las paradas. Son unos porcentajes que suelen repetirse año tras año y 2018, cuando las urgencias del Hospital de Cabueñes atendieron a casi cien mil pacientes -para ser específicos, 99.966- no fue una excepción.

Entre enero y diciembre, pasaron por allí 334 personas menos que en 2017 y, según las cifras recopiladas al término de 2018, hubo un descenso del número de adultos, que se situó en 84.531, y un incremento de 200 niños, hasta los 15.435.

Siempre hay más gente en el turno de mañana -que habitualmente registra un pico sobre las once- y en el de la tarde -con más pacientes a las 16 y a las 20 horas-, que en el de la noche. Aunque los pasillos no empiezan a despejarse hasta pasadas las dos de la madrugada. Los lunes, seguidos del fin de semana, se llevan la palma y si coincide con el término de un puente festivo, aún más.

«La ambulancia no es un taxi»

Los pacientes de entre 30 y 65 años suponen un 44% de las urgencias y los mayores de 65, un 45%. Sin embargo, en lo referente a polifrecuentación -los que repiten-, llama la atención la prevalencia de los menores de cinco años, a quienes sus padres alarmados por alguna razón llevan al hospital.

La patología que se refiere con más frecuencia es el dolor abdominal, seguida del mareo. Aunque las que más asociadas están a un posterior ingreso son las agudizaciones de dolencias crónicas como el asma, la EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica) o la insuficiencia cardiaca, entre otras.

La jefa de Urgencias de Cabueñes, Macarena Corominas, explica que el servicio ha contabilizado un intenso crecimiento de los pacientes crónicos de traumatología, «que muchas veces acuden a urgencias por las demoras en las consultas, ya que no entienden que una radiografía no soluciona su problema -por ejemplo, nosotros no pedimos resonancias- y que a cada uno hay que atenderle donde corresponde».

or otra parte, señala, «nos hemos convertido en los médicos de Primaria de los ancianos, sobre todo de los institucionalizados» (los que viven en residencias geriátricas). Corominas también se queja del uso de las ambulancias, «que algunos exigen como si fuese un taxi. No nos damos cuenta que todos los recursos que se usan sin hacer falta se los quitamos a quienes sí los necesitan».

La responsable del servicio espera la inminente reforma del hospital para crecer en espacio, «aunque nos gustaría ganar más», sobre todo, en boxes de exploración y observación, donde el aumento proyectado «probablemente no acabe con los pacientes en los pasillos. Necesitamos más sitios donde poder ver a la gente».

Disponer de más espacio merece la pena. De los 5.493 enfermos que pasaron por los 15 boxes de observación en 2018, se dio el alta a un 75%, se derivó a Cruz Roja a un 12% y se ingresó, únicamente, a un 13%.

elcomercio.es   Aida Collado