Trastornos del sueño, concepto y aproximación.


TRASTORNOS DEL SUEÑO

“Refugio del desdichado, liberación del prisionero, blando regazo del desesperanzado, del extenuado, del acongojado. Primera y principal de todas las funciones agradables y deliciosas de la Naturaleza. Felicidad que desciende sobre el hombre cuando la ansiedad y la pasión de la jornada ha concluido”. 

Tristram Shandy

Dr. Rolando J. Naranjo Álvarez 1

INTRODUCCIÓN

Los profesionales de la salud son a menudo consultados a causa de una perturbación del sueño y todo médico, en su experiencia clínica, descubre la necesidad de conocer acerca de los trastornos del sueño con cierta dosis de desasosiego, ante un proceso difícil desde que se intenta definir, hasta cuando se aproxima a sus mecanismos biológicos o fisiológicos imprescindibles para entender sus alteraciones y decidir la conducta más adecuada a seguir.

Otros elementos de interés son las marcadas diferencias individuales y los aspectos que se relacionan directamente con las edades, así como las fantásticas paradojas que siguen fascinando a muchos, a pesar de la convicción racional que confiere el conocimiento científico, en cuanto al “mundo de los sueños”, el cual puede afirmarse ha influido en la conducta de todas las etapas del desarrollo de la humanidad, según lo atestiguan la Historia, la Religión y la Literatura, en sus recopilaciones de temas oníricos.

No se puede soslayar la importancia que ve el ser humano en el sueño y las experiencias de ensoñaciones. Hasta que punto tienen algún significado más profundo que el simple resultado de “juegos aleatorios de circuitos neuronales”1, será una interrogante que seguirá inquietando a los investigadores. Llama la atención como sujetos de comportamiento rígido y esquemático, para salirse de su desesperación callada y cotidiana, enfrentan los sueños como un mundo de colorido, sin ataduras ni las limitaciones de la temporalidad, la lógica y la cinética. Por otro lado cuantos no optan por dormir para evadirse de alguna perturbación.

Entonces, resulta atinado intentar una puesta al día en asuntos relativos al sueño y sus alteraciones más frecuentes, con el propósito de ayudar a quienes tienen que enfrentar estos padecimientos en el primer nivel de atención sanitaria.

 

DESARROLLO

Definición

El vocablo sueño tal y como se emplea en Medicina, nada tiene que ver con la designación de proyectos o deseos de cosas carentes de realidad o fundamento, ni a esperanzas sin probabilidad de realización. Esto queda para las expresiones poéticas o literarias.

La palabra sueño proviene del latín, sonnus (sehlaf, Ale., sonneil, Fr., sleep, In., sonno, It., sono, Port.) y significa acción de dormir. Se le considera como una pérdida o suspensión normal y periódica de la conciencia y de la vida de relación, vinculado a un familiar y a la vez poco explicado estado de reposo, del cual puede despertarse con estímulos sensoriales u otros; y es reconocido técnicamente como un proceso activo que requiere la participación de numerosas influencias hipnógenas, surgidas en determinadas estructuras neurales con compleja transmisión y modulación neurobioquímica.

Aspectos fisiológicos del sueño

Al igual que se dan formas nada naturales de la conciencia vigil, existen irregularidades del sueño que bordean extremos serios. Por esto es importante aclarar elementos de la fisiología del sueño para entender sus disturbios, tan comunes en la vida diaria y poder decidir el comportamiento más pertinente.

El sueño, ese fenómeno elemental e indispensable de la vida humana, se encuentra además en otros representantes anteriores de la escala filogenética como los reptiles, las aves y los mamíferos.

Fuera del campo de la ficción y convencidos de aún poder considerar los viajes cósmicos muy prolongados y la sobre vivencia fuera del planeta Tierra por largos periodos, meras suposiciones futuristas; el sueño hasta hoy, para todos, mantiene el modelo ajustado al día de 24 horas y a las diferentes épocas vitales, edades o etapas de la existencia.

El fenómeno del sueño es el resultado de un cambio básico que acontece cada 24 horas como ciclo en el sistema nervioso central (SNC) y está estrechamente vinculado a la edad y al neurodesarrollo. Los recién nacidos duermen 16 a 20 horas, los niños–de manera global–, duermen de 10 a 12 horas y los adultos usualmente, 7 horas; pero se observan grandes diferencias individuales en el número de hrs. de sueño. Estas variaciones están determinadas por cuatro tipos de factores:

–     Factores biogenéticos.

–     Condicionamientos esenciales en la primera etapa de la vida.

–     Estado físico (salud y daños orgánicos).

–     Estado psicológico (salud mental).

En los niños nacidos a término y de forma eutócica, después de las primeras semanas de vida, debe aparecer el modelo nocturno de sueño.

A medida que transcurre el neurodesarrollo se van suprimiendo horas de sueño, principalmente las matutinas. A los 4 y 5 años, las siestas vespertinas disminuyen por lo general, hasta quedar consolidado el sueño nocturno como un único período largo de dormir, aunque se sabe que 50% de la población del mundo continúa con siestas vespertinas desde hace siglos.

De no aparecer enfermedades físicas o perturbaciones emocionales, los adultos mantienen el régimen nocturno hasta la vejez en que sobreviene una fragmentación del sueño con incremento de despertares nocturnos y períodos de vigilia diurnos interrumpidos con frecuencia por accesos de sueño más o menos paroxísticos, durante segundos o minutos a lo que se denomina microsueños y aparecen siestas que pueden ser cada vez más largas.

También se ha comprobado que después de los 35 años, las mujeres tienden a dormir una hora más que los hombres.

Hasta el momento se desconoce la intimidad de las bases subcelulares, moleculares y la bioquímica exacta del sueño por lo que se prefiere llamar, antes que biología del sueño, solo macrofisiología del fenómeno. La comprensión del sueño debe mucho a los trabajos de Loomis (1937) Dement y Kleitman (1957) a partir de análisis electroencefalográficos (EEG), junto a la polisomnografía (PSG) en la cual además de obtener el EEG de vigilia y sueño, también se registra la actividad miógena o electromiográfica (EMG) y se monitorean los signos vitales como las frecuencias cardiaca y respiratoria, la tensión arterial y la temperatura. Gracias a los estudios electro neurofisiológicos se han podido definir cinco estadios representativos de los mecanismos fisiológicos alternantes que se observan en el sueño.

Del sujeto en vigilia se obtiene registro de EEG con ondas alfa cuya frecuencia es de 9 Hz de modulación sinusoidal y actividad rápida de bajo voltaje con formas mixtas y variaciones durante los cuales se asocian parpadeos, movimientos de los ojos y de las extremidades, resultando el EMG casi mudo con excepción de la musculatura facial.

Cuando el individuo se ha dormido, el trazado cambia, tiene menos voltaje, pierde la frecuencia alfa y se ven movimientos giratorios, lentos de los globos oculares y a estas modificaciones corresponde la fase I, de reposo tranquilo.

Posteriormente aparecen ráfagas típicas en el registro con una modulación en forma de husos (husos de sueño) y grandes grafoelementos (complejos K) que caracterizan la fase II, de sueño ligero.

Después el EEG continúa lentificándose con ondas cuya frecuencia es de 1 a 3 Hz, lo que se conoce como fases III y IV, de sueño profundo.

Los investigadores describen otras subfaces que carecen de interés clínico y sobrepasan la finalidad de esta exposición.

El registro de las 4 fases mencionadas corresponde al llamado sueño lento y en contraposición a este, existe otra modalidad electrofisiológica con ráfagas asociadas a movimientos oculares rápidos (MOR),nombradas en la literatura como REM por su sigla en inglés, en la cual se desincroniza el EEG con bajo voltaje y mayor frecuencia a 10 Hz, asociado a pérdida de la activación tónica de la musculatura del rostro en el EMG. A esta fase se llega desde cualquier otra, pero por lo general desde las de sueño profundo y la misma puede concluir con un tránsito a la vigilia o hacia otro estadio sin un despertar o con sencillo reacomodo postural del durmiente.

Con gran interés didáctico y académico se divide el sueño por sus características electrofisiológicas en sueño lento o NO REM y sueño REM o paradójico, en función de las descargas neuronales por estallidos sincronizados o asincrónicos respectivamente.

Aunque se pueden ver grandes variaciones, se afirma que cada 70 a 100 minutos de estadios 3 y 4, ocurre un período REM y esto sucede normalmente, de 4 a 6 veces por noche.

Los recién nacidos tienen 50 % de sueño tipo REM en ciclos de una hora que alternan NREM / REM media hora cada uno, aproximadamente cada 3 ó 4 hrs.

En general y con notables diferencias se observa que 20–25 % del sueño total es REM, 3 a 5 % fase I, 50 a 60 % fase II y del 10 al 20 % corresponde a las fases III–IV; disminuyendo esta última proporción del sueño lento y profundo a medida que progresa la edad del individuo.

Los ciclos de sueño REM se alargan con la edad hasta 90 a 100 minutos y permanecen usualmente estables. En vigilia pueden surgir de manera casi imperceptible. El sueño REM se relaciona con la motilidad gástrica, el hambre, la alerta y la capacidad para la actividad cognoscitiva. En él ocurren los ensueños visuales complejos, coherentes y recordados si despierta el sujeto; pero también hay actividad mental en el NREM. El tono muscular es muy bajo y se ven movimientos de crispadura o temblor en segmentos distales y el rostro. La máxima expresión de movimientos sucede en el tránsito del REM al NREM, aunque en todas las fases hay alguna movilidad.

Los movimientos oculares característicos del REM son conjugados, desordenados, en todas las direcciones, pero más horizontales que verticales como se ven en vigilia.

Otras señales fisiológicas que acompañan al REM son cambios alternantes del diámetro pupilar, disminución de la temperatura corporal (que tiene ritmo circadiano), disminución de las frecuencias respiratoria y cardiaca, irregularidades de la tensión arterial, menor presión parcial de oxígeno arterial, menor consumo de este, incremento de la secreción de la hormona antidiurética (ADH) y de la osmolaridad del sodio y el potasio excretados con disminución de su concentración sanguínea, activación cada 90 minutos de la excreción de la adenocorticotropa (ACTH), el cortisol, la somtotropina (STH) y la prolactina.

En general, el sueño REM es desincronizado, paradójico y se vincula a posibles “señales cerebrales mal canalizadas”, refleja un cerebro activo; pero cuya actividad no está dirigida en la dirección adecuada para que la persona se percate de algo. El sueño No–REM, lento, es el profundo, de descanso, reparador y ocupa la mayor parte de la noche, sin pesadillas y el tono muscular, la frecuencia respiratoria y la tensión arterial permanecen bajas.

El basamento neuroestructural de sueño se vincula a la influencia de aminas biógenas neurotransmisoras como la serotonina y la noradrenalina. La serotonina interviene en conexiones desde el tegmento interno del tallo cerebral, en sus porciones bulbar, protuberancial y mesocefálicas con proyecciones que ascienden al hipotálamo, tálamo y la corteza cerebral órbito–frontal y temporal interna (Límbica). La noradrenalina actúa desde el lócus cerúleo y regiones externas de la protuberancia con proyecciones descendentes desde la formación reticular pontina que llegan a las astas laterales de la sustancia gris medular. Además hay descritas conexiones que ascienden a la corteza y el cerebelo. Así los complejos circuitos interconectados y con función serotonino-catecolaminérgica, actúan sobre el sistema reticular activador (SRAA) en íntima relación con núcleos vestibulares y haces vestíbulo-espinales mediando el fenómeno del sueño.

También se han definido como neurotransmisores hipnóginos que se suman a la función serotonínica en el REM y a la noradrenalínica alertizante; la histamina involucrada en los alertamientos (arousal), la acetilcolina en el alerta y el REM y varias sustancias en estudio como la interleukina-1, el alfa interferón y el péptido intestinal vaso activo (PIVA); todos con un gran trecho por recorrer aún en cuanto a su función hípnica2.

El aspecto de la neurofarmacología en la fisiología del sueño es incompleto. Desde hace más de 30 años se conoce la existencia de unas sustancias peptídicas con peso molecular entre 350 y 500, aislables en el líquido cefalorraquídeo (LCR), llamadas “factor de sueño”. Este es destruible mediante enzimas pronasas y se ha comprobado su elevación cuando se depriva de sueño al sujeto y si se inyecta al animal de experimentación, se duerme.

De la fisiología del sueño se ha conocido más en cuanto a los efectos de deprivación sobre el organismo. Se afirma que la deprivación total (privar del todo de la posibilidad de dormir a un individuo) es imposible porque se producen períodos muy rápidos de microsueños en fase IV, II y REM. A pesar de esto, la insistencia experimental en privar de sueño produce la muerte del animal.

En las personas sin dormir durante 60 a 200 hrs. se produce un síndrome florido caracterizado por:

Fatiga, irritabilidad creciente, concentración pobre, ilusiones, alucinaciones visuales o táctiles, degradación de la destreza motora y el interés por las tareas, lagunas en la atención y aparece nistagmus leve, pasajero; temblores, ptosis palpebral, facie inexpresiva, enpastamiento de la voz y emisión de palabras incorrectas. Se obtienen concentraciones elevadas de 17-hidroxicorticoides y aumenta la producción de cortisol. En sujetos predispuestos aparecen episodios psicóticos y en individuos normales aparecen cuadros de frenesí, sollozos, murmullos incoherentes, delirios fragmentarios y pensamiento paranoide.

Cuando la deprivación se efectúa parcialmente, por ejemplo si se impide el sueño REM, se observa al repetir la experiencia noche tras noche: hiperactividad, labilidad emocional, pobre control de los impulsos, exaltación, aumento del apetito y de la sexualidad y el comportamiento general se torna perezoso. Si se depriva solo de sueño profundo (fases III-IV), aparece somnolencia excesiva y disminución de toda respuesta a los estímulos.

Es muy difícil medir la deprivación parcial y se sabe que existen grandes variaciones en las necesidades de sueño de una persona a otra. Algunas funcionan bien con 4 hrs. o menos y también las hay que no logran el máximo beneficio con dormir largas horas. Además la función viceral del sueño es su valor menos comprendido y se acepta como límite normal para el adulto un rango de 7 a 8–9 hrs. con una variación de 4 a 11.

Se ha supuesto que el efecto fisiológico del sueño se relacione con equilibrar la recuperación funcional de las neuronas, mas no se ha demostrado que sea indispensable sobre otros sistemas según se ha comprobado en organismos con sección completa de la médula espinal a nivel cervical.

Trastornos del sueño

El estudio del complejo fisiológico y conductual del sueño es inseparable de la edad como influyente y determinante.

La terminología comúnmente empleada se presta a confusión. En ocasiones ocurren problemas vinculados al sueño y no trastornos del fenómeno hípnico como tal. Los problemas del sueño se relacionan con patrones insatisfactorios para la persona (o el niño) y su entorno microsocial, familiar ( o padres) y tiene que ver con el bienestar del individuo o de su familia. Muchas veces el “ problema” es de los cuidadores y hay que tener en cuenta las diferencias por edades y no por patrones de sueño. Algo puede ser normal a los 2 años y muy anormal a los 9 años. También es cierto que hay alteraciones del sueño que llegan a constituir importantes factores de estrés en el núcleo familiar y repercuten en el ámbito escolar o laboral.

En resumen, el “ problema” apunta hacia la insatisfacción y se hablará de “trastorno” cuando se trate de una alteración funcional real que deja fuera las variaciones fisiológicas que controlan el sueño y operan durante el mismo3.

Otros elementos importantes a considerar en Medicina del Sueño son las diferencias en la velocidad de organización interna y demandas elevadas durante el neurodesarrollo que confiere particularidades individuales. Solo la persistencia de disturbios más allá de los periodos habituales sugerirá problemas psíquicos, familiares, empleo de sustancias o alteraciones orgánicas, o sea la presencia de dificultades, sobrepasado ya supuestamente, el ciclo de organización del sueño.

Es necesario conocer junto a la fisiología del sueño, algunas características del desarrollo infantil para un mejor comprensión de fenómeno.

Como consecuencia directa del deseo de proximidad y contacto del menor con el adulto (madre, cuidador) y no por aprendizaje, el niño desarrolla un “acoplamiento” (attachment) con los mayores. Este proceso es motivado por el sistema de cuidado que recibe el pequeño. A veces, el acoplamiento se manifiesta diariamente provocado por separaciones.

De manera normal el acoplamiento tiene cuatro etapas: en los primeros tres meses en que hay respuesta a todo estímulo social y no a alguien en particular, entre los tres y los siete meses el lactante ya muestra predilección por determinada persona y de de los 7 meses hasta los 3 años, manifiesta comportamiento de búsqueda y acercamiento afectivo. Aquí es cuando ya el niño se puede decir que está “acoplado “. Hay una cierta etapa en edades posteriores muy cambiante.

En dependencia del proceso de maduración y acoplamiento, cada edad mostrará características determinantes del sueño. Durante el primer año el sueño será de baja estabilidad. Entre los 2 y los 5 años se va consolidando el sueño hasta llegar a los 7 ciclos en cada periodo. De los 5 a los 10 años ya el patrón es más estable con importantes estados de alerta y vigilancia. Los adolescentes, por lo general, tienen permanente necesidad de sueño y son muy vulnerable al déficit. Como dato curioso y de interés, se sabe que 27 % de los niños mayores de 10 años presentan roncopatías (roncan) y esta proporción alcanza 47% cuando tienen trastornos de las vías aéreas superiores, lo que provoca somnolencia diurna, hiperactividad alternante y sueño de la peor calidad.

En la tercera edad se reduce la intensidad, duración y calidad del sueño y aumenta la susceptibilidad a las alteraciones. El anciano se siente menos satisfecho con el sueño4 a causa de la afectación en la cantidad y calidad del mismo. A pesar de esto y de aceptarse que en el envejecimiento aparece una alteración global del sueño, los trastornos del sueño disminuyen con la edad, al igual que se observa mayor facilidad para siestas y “cabezadas” diurnas, probablemente relacionadas con el incremento de despertares, preponderancia de fase I y disminución del sueño lento5. El 50% de los mayores de 60 años refiere dificultad para conciliar o mantener el sueño.

TRASTORNOS  DEL  SUEÑO

Disomnias

Insomnios

Narcolepsia–Cataplejia

Desvelo Patológico

Hipersomnios patológicos

Somnosis (Tripanosomiasis, tumores, traumas e Hipotiroidismo)

Klein–Levin

Hipersomnio Idiopático

Alteraciones del Ritmo Circadiano

Patrón irregular del ciclo vigilia–sueño

Síndrome de adelanto de fase

Síndrome de retraso de fase

Inversión del ciclo sueño–vigilia

Parasomnias

Angustias nocturnas

Terror nocturno

Pesadillas

Despertar ansioso

Sonambulismo

Enuresis

Epilepsia nocturna

Ritmias del sueño

Parálisis del sueño

Sobresaltos somnolescentes

Paroxismos sensoriales

Síndrome de las piernas inquietas (SPI)

Movimientos periódicos de las piernas (MPP)

Fenómenos estáticos

Posición hipertónica            Posición de muerto

Cabeza colgando                Brazos estirados

Posición arqueada              Dormir con los ojos abiertos

Dormir el niño en la cama paterna

Bruxismo

Apneas del sueño (SARVAS, SAOS)

Otros

Epilepsia nocturna

 

El insomnio

Conocido el importante papel que desempeña el acoplamiento en los niños, si este se desarrolló bien, serán menos susceptibles al miedo y a la angustia de separación o abandono, en los cuales la figura del cuidador es fundamental. Las consecuencias del fallo de acoplamiento están muy vinculadas a los problemas en el momento de acostarse y el paradigma de este tipo de trastorno del sueño es el insomnio por hábitos incorrectos (IHI).

Es muy frecuente entre los 2 y los 5 a 6 años de edad y se le reconocen tres factores predisponentes:

  1. Condiciones exteriores defectuosas como ritual, ruidos, iluminación y cohabitación.
  2. Presión externa inadecuada con rigidez excesiva e imposiciones.
  3. Estado de ansiedad.

Las manifestaciones clínicas del IHI son: oposición a acostarse, sentarse en la cama, gritos, verdadera fobia a acostarse (2-3 años), rituales (4-6 años), exigir una luz encendida o tomar una mano del cuidador. Este insomnio llega a ser el auténtico de los preadolescentes y algunos adolescentes.

Otras causas principales de insomnio infantil, añadidas al mal acoplamiento y los miedos son la presencia de malos hábitos y asociaciones con alimentación nocturna excesiva e innecesaria, ausencia del ritual del presueño, alteraciones del comportamiento, así como situaciones médicas u orgánicas, sobre todo dolores y trastornos neurológicos en raras ocasiones.

En los adultos se llama comúnmente insomnio, a la incapacidad para conciliar el sueño en el momento del día en que por lo regular se espera dormir, aunque se mal use el término para designar cualquier deterioro en la duración, profundidad o propiedades reparadoras. En la literatura se menciona para referirse a la dificultad en quedarse dormido, despertar final demasiado temprano y para formas combinadas de las anteriores.

Aún sin conocerse con certeza los requerimientos naturales de sueño en el rol que desempeñan en la economía corporal, se acostumbra a subdividir el insomnio en dos categorías: primario, en el cual se altera mucho tiempo el sueño nocturno sin nuevos despertares u otros disturbios médicos o psíquicos; y otro insomnio llamado secundario, causado por trastornos de la salud física o mental.

Se puede aceptar otra variedad o tercer subgrupo llamado pseudoinsomnio que por estudios de PSG, se sabe que en el padecimiento en realidad el sujeto duerme bien, fisiológicamente; pero “siente” que su sueño es muy corto y a esto se concede una connotación grande en el plano psicológico que ocasiona falta de confort, lo que entra en el plano de la percepción de la calidad subjetiva del sueño.

El insomnio primario (del adulto) debe ser reconocido como una entidad nosológica. Los pacientes a causa de este sufrimiento recurren a los remedios más inimaginables y su vida llega a girar alrededor del acto de dormir. Se les ha llegado a llamar “pedantes del sueño” y son personas por lo general exageradas.

Uno de cada diez pacientes con insomnio presenta 40% del siguiente conjunto de síntomas:

Somnolencia diurna de intensidad variable con fatiga o astenia, dolores abdominales, caída del cabello, alteración del apetito, usualmente desmedido, quejas de “sabor metálico”, y frecuentes cuadros que remedan la para–influenza, nauseas, odontalgias, palpitaciones, episodios de pánico, ideas paranoides, exantemas, ardor ocular, visión borrosa, ansiedad, vértigos, sudoración, dolor de espalda (y cervicalgia), alteración de la libido, silbidos en los oídos, obstrucción nasal, irritabilidad, cefalea, inatención, inquietud–depresión, falta de concentración y memoria débil.

Sin dejar de lado los rasgos de posible afectación en la personalidad del insomne, Rechtschaffen y Monroe (1969) confirmaron ampliamente que estos enfermos duermen muy mal con períodos cortos y despiertan a menudo. Su sueño tiene poca fase IV y su despertar es exaltado. En los test de personalidad es normal encontrar rasgos psicopáticos, pero no se ha precisado si son consecuencia o pertenecen a la etapa premórbida.

El insomnio secundario, atribuido a malestar, dolor, preocupaciones, ansiedad o depresión se subdivide en: situacional y aquel causado por perturbaciones psicológicas. El insomnio situacional se considera pasajero o transitorio y se relaciona con problemas de la columna vertebral acompañados de afectación de raíces nerviosas espinales o no, dolencias abdominales, sobre todo dispepsias, úlceras gastroduodenales y neoplasias digestivas, síndrome de piernas inquietas, fatiga excesiva, movimientos de aspecto mioclónicos nocturnos cada 20 o 30 segundos que produce despertares, presencia de acroparestecias (en momentos evolutivos de neuropatías focales por atrapamientos compresivos como el Túnel del Carpo) y cefalalgias vasculares racemosas o tipo migraña común que surgen en el sueño REM.

El insomnio secundario a perturbaciones psicológicas se relaciona con disturbios domésticos, laborales, ajetreo, actividad mental vigorosa, fuertes excitaciones en la noche, camas y entornos extraños, o sea condicionamiento inadecuado. Además aparece en enfermos con temores y ansiedad y en sujetos que presentan cuadros de ansiedad–depresión (con incremento de REM), ensueños inquietantes, temprano despertar del fatigado y preocupado, estados maníacos en fase agitada (sin REM), en las intoxicaciones crónicas por barbitúricos (disminución de REM y fases III–IV), supresión de fármacos o drogas adictivas, sobre todo la primera noche y en pacientes con idiosincrasia medicamentosa (efecto opuesto al esperado).

También puede deberse a este tipo de insomnio después de cuadros confuso–delirantes, procesos con alucinaciones terroríficas, y durante la adaptación a cambios de horarios por turnos laborales que alternan el día y la noche u otras necesidades en los viajeros transmeridianos (síndrome de los viajeros) y en la senilidad.

Otra forma útil de clasificar el insomnio como problema de salud es la que plante tres tipos según la manera de evolucionar el padecimiento: súbito, paulatino y crónico.

El insomnio súbito es el que aparece en pacientes con enfermedades sistémicas, aflicciones, preocupaciones recientes, imprudencias dietéticas y rezagos de viajero. El más paulatino en manifestarse es el asociado con el consumo de alcohol y estupefacientes, trastornos depresivos, envejecimiento, importantes cambios en las relaciones personales y muy raramente, en trastornos neurológicos entre los cuales se citan la neurosífilis (Parálisis General Progresiva, PGP), Corea de Huntington, Enfermedad de Parkinson, degeneraciones cerebelosas, lesiones del tronco del encéfalo, enfermedades cerebro vasculares (ECV) y en el Insomnio Familiar Fatal (IFF).

El IFF, Prusiner6 (1994) es una encefalopatía espongiforme subaguda, mortal, de carácter genético–infeccioso. Es una prionopatía (g–PrP), relacionada con la enfermedad de Jacob–Creutzfeldt (y con la enfermedad de las vacas locas).

El insomnio crónico (de muchos años) no se vincula con la existencia de dolores, senilidad, enfermedades debilitantes, trastornos cardiopulmonares, cáncer ni artritis graves. Solo tiene implicaciones físicas benignas, incluso pudiera ser una variedad individual “normal” de los requerimientos, aún mal precisados o sencillamente, ser parte de alguna alteración psiquiátrica de curso crónico acompañada de ansiedad–depresión.

Narcolepsia

Es un síndrome neurológico específico, llamado así por Gelineau (1870) y por Westphall (1887). En 1918, Henneborg añadió la cataplejía al proceso y más de un siglo después, aún se desconoce su frecuencia. Instituciones de elevado prestigio como la Mayo Clinic diagnostican 100 casos nuevos cada año.

No es privativa del ser humano, también la padece el “perro de agua enano”, después de lo cual no se puede atribuir a problemas psíquicos como se había intentado. Se ha definido que la produce un mecanismo auto–inmune con influencia genética. Más de 90% de los pacientes tienen haplotipo DQB1-0602 y mutación del cromosoma 6, aunque el antecedente familiar inmediato se detecta en 10% de los casos.

La sintomatología suele aparecer en el adulto, pero puede verse desde la segunda infancia. Lo principal es una excesiva somnolencia diurna casi constante que cursa en forma de ataques de sueño incontrolable o un dormir insistente, hasta en condiciones inusuales (puede dormirse de pie). Las crisis duran aproximadamente 15 minutos y tienen como síntomas asociados, la cataplejía en 85 a 90% de los pacientes con una media de 70%.

La cataplejía ocurre por breve tiempo, por uno o dos minutos y el cuadro de narcolepsia–cataplejía (NC) aparece con frecuencia ante el menor aburrimiento o monotonía, el sujeto se torna “gelatinoso” con la risa o emociones fuertes inmediatamente previas al ataque. También el estar en clases o cualquier inactividad del enfermo desencadena las crisis. En algunos episodios ocurren parálisis del sueño, ensueños y alucinaciones hipnagógicas (Wilson, 1916) en 10% de los casos y son frecuentes las interrupciones del sueño nocturno en el momento de tránsito de sueño a vigilia hasta en 50 a 60% de los pacientes.

Al diagnóstico positivo se llega por los antecedentes y el carácter crónico sin remitir, la aparición, en general, antes de los 25 años de edad. La enfermedad dura toda la vida y su distribución por sexos es controvertida, unos afirmas que afecta más a los hombres y otros reportan igual proporción de casos para ambos sexos.

Raramente se ha visto asociada la NC a Esclerosis Múltiple, traumas craneoencefálicos, craneofaringiomas y epilepsias. También se reporta que puede interferir con la memoria, el rendimiento, aprendizaje, empleo y se involucra en no pocos accidentes de trafico7.

Se debe diferenciar de los efectos de la de privación de sueño, encefalopatías metabólicas, raras lesiones del SNC y enfermedades psiquiátricas, así como de las importantes apneas del sueño y de Hipersomnio Idiopático (HSI). Este último solo planteable una vez descartados los procesos anteriores. Bueno es recordar que las apneas y la privación de sueño son mucho más frecuentes que la NC.

Desvelo patológico

También llamado asomnia, es un trastorno muy raro, experimentado por animales con lesión en los núcleos del rafe medio de la protuberancia. Se ha visto un cuadro similar en enfermos con delirium tremens, psicosis por privación de drogas y en las hipomanías.

Somnosis

Se apartan de las disomnias por su carácter francamente patológico, generalmente causadas por lesión a nivel del hipotálamo, el subtátalamo y el mesocéfalo. Comenzaron a verse después de la 2ª Guerra Mundial, como cuadros posencefalíticos (Encefalitis Letárgicas). A este grupo pertenecen además, el Hipersomnio de la Enfermedad del Sueño (Tripanosomiasis) y los secundarios a tumores del hipotálamo posterior o del mesocéfalo con hipertensión arterial y Diabetes Insípida, así como consecuencia de trauma craneal, tumores cerebrales y el hipotiroidismo.

Síndrome de Klein–Levin

Consiste en episodios de hipersomnio acompañada de bulimia, retraimiento con negativismo, bradipsiquia, incoherencia, inatención y dismnesia, frecuente en adolescentes cuyas crisis ocurren tres o cuatro veces al año.

Hipersomnio idiopático del SNC

Es un raro trastorno observado en 5 a 10% de pacientes tratados en clínicas especializadas, el cual cursa con una inexplicable y excesiva somnolencia diurna que responde bien a los psicoestimulantes8.

Alteraciones del ritmo circadiano

Desde la sexta semana de vida hasta los 13 meses de edad, corresponde al período en que se establece por el reloj biológico innato, el control del ritmo sueño–vigilia. Después, el desarrollo de un ciclo estable depende de la interacción biológica del niño con el medio ambiente en las etapas de su formación biosociopsicológica.

Los trastornos del ritmo circadiano son causados por un defecto en la sincronización del ritmo, donde el período largo de sueño se localiza mal dentro del ciclo circadiano. Los trastornos de mayor interés son:

  • Patrones irregulares de vigilia–sueño.

El paciente tiene un comportamiento de vigilia y sueño desorganizado y variable con interrupciones frecuentes y conducta francamente problemática.

  • Síndrome de adelanto de fase.

Aparece un ritmo avanzado en el horario habitual con insomnio y trastornos matutinos. Su despertar es muy temprano.

  • Síndrome de retraso de fase.

Se llama también niños vespertinos al extremo. Se observa hasta en 7% de los adolescentes y es frecuente su asociación con trastornos de la personalidad futura y problemas escolares en lo que influye las repetidas ausencias a la escuela por somnolencia diurna. En estos enfermos se retarda mucho el momento de dormirse en la noche hasta bien entrada la madrugada.

En los ancianos con cierto grado de deterioro demencial es probable la aparición de inversiones del ciclo sueño–vigilia9, lo que al avanzar el proceso se manifiesta por convertir el día en noche y viceversa.

Conductas anómalas durante el sueño: Parasomnias

Se trata de un grupo de trastornos motores o autonómicos que perturban el sueño. Los más frecuentes son:

  • Angustias nocturnas.
    • Terror nocturno (pavor nocturnus).

Se producen bruscos despertares con gritos, gemidos, taquicardia con frecuencia cardiaca de 150 a 170 latidos por minuto. Es frecuente que estos pacientes en el futuro sean sonámbulos. Es típico entre los 2 y los 4 años, aunque se ve a los 5 y los 6 años también. Por lo común se encuentra algún antecedente familiar y fisiológicamente se localizan en la fase más profunda del sueño, al inicio de la noche en los primeros 30 minutos. El niño, por lo general, no recuerda nada en la mañana. También afecta a los adultos durante crisis personales recientes y pueden recurrir motivados por el abuso de alcohol o estupefacientes. Pueden verse en trastornos psiquiátricos y en lesiones del SNC.

  • Pesadilla

Sueños angustiosos o ensueños terroríficos que ocurren hasta en 30% de los niños desde los 2 años. Es un trastorno poco importante y transitorio sin significado como hecho aislado que aparecen en el último tercio de la noche durante el REM. Se hace difícil separar la vivencia de la realidad y surgen más cuando hay rebote de REM por deprivación de sueño. El trastorno es más común que los terrores nocturnos y puede ser recordado en detalles. La fiebre y desajustes del organismo por indigestión y las lecturas de terror (filmes y programas de televisión) predisponen. Cuando son muy persistentes como queja acuciante, suelen acompañarse de problemas neuróticos, abuso de bebidas alcohólicas, barbitúricos o de sustancias tóxicas.

  • Despertar ansioso

Son tenidos por un cuadro intermedio entre los terrores nocturno y las pesadillas.

  • Sonambulismo

Es un trastorno muy común en los varones de 7 a 12 años de edad con antecedentes familiares en 80% de los casos. Si un progenitor es o fue sonámbulo, el hijo tiene 6 veces más probabilidades de serlo. Se presenta en las fases más profundas del sueño, durante la primera mitad de la noche. Al día siguiente el enfermo no recuerda nada. Se ha observado en las 4 noches previas al inicio del ciclo menstrual en algunas adolescentes, asociado a terror nocturno.

Algunos autores (psiquiatras), tienen el criterio, no compartido por muchos, de su vinculación a un fenómeno similar a la “fuga histérica”. Posiblemente, ellos hayan confundido sus observaciones clínicas con el trastorno recién identificado y descrito como Alteración de conducta durante el sueño REM que es una parasomnia, dentro del sonambulismo, en la cual el enfermo, generalmente varones de mayor edad, “actúa” sus sueños y pueden sufrir lesiones.

El sonambulismo es más frecuente en la infancia, pero se puede iniciar de manera tardía que es cuando puede prolongarse hasta la madurez del individuo y se ha visto relación entre estos cursos evolutivos largos y una elevada incidencia de procesos psiconeuróticos y esquizofrenias.

Esta parasomnia también puede vincularse con otras como la Enuresis y los Terrores nocturnos que afortunadamente, cuando así sucede, por lo general, solo expresan despertares parciales por deterioro del sueño profundo sin mayores dificultades y por lo común superados con el tiempo.

Durante los episodios de sonambulismo, el paciente habitualmente se sienta en la cama, puede andar y hacer algo familiar de sus actos cotidianos como encender la luz, intentar abrir puertas y también lesionarse. Es usual que den la sensación de aislados y no muestren emoción alguna.

  • Enuresis

La Enuresis o incontinencia conforma una entidad propia como parasomnia. La Enuresis nocturna (primaria) es causada por la incapacidad de respuesta ante la profundidad del sueño en las fases III y IV.

Cada 10 niños de 4 a 14 años, uno se orina en la cama de noche con perfecta continencia de día, o sea, es un trastorno frecuente en la niñez, pero puede persistir en edades posteriores. Afecta más a varones que hembras e incluso de 1 a 3 % de reclutas militares se orinan con la connotación de estos eventos en los cuarteles.

Los estudios de Gastaud y Broughton (1965) revelaron peculiaridades fisiológica de la vejiga de los pacientes con Enuresis, en momentos que atribuían el padecimiento a asuntos psicógenos y puramente funcionales.

Se ha demostrado que la presión intravesical del enurético es superior, periódicamente, y el tiempo de despertar está retardado. Además la vejiga de estos enfermos tiende a ser más pequeña y estos elementos indican la existencia de un fallo en el proceso de maduración de las influencias neurales moduladoras.

La incontinencia ocurre en el primer tercio de la noche, especialmente durante la fase IV, precedida de una actividad electroencefalográfica de ondas lentas delta, arrítmicas, asociadas a movimientos corporales generales. La observación por el profano (o familiar, cuidador) de esta conducta del paciente enurético en lecho, puede llevarlo a la falsa idea de que el enfermo está “casi despierto” y se orina, mojando las sábanas y ropas porque es irresponsable o dormilón o haragán. Este craso error ha provocado no pocos contratiempos y dificultades en el seno de muchas familias y en ambientes con régimen de internamiento.

La Enuresis secundaria, la surgida después que el sujeto ya controlaba perfectamente los esfínteres, como si regresara a etapas anteriores de su desarrollo, obedece generalmente a situaciones de conflictos psicológicos.

Ante la Enuresis es obligado descartar la presencia de uropatías, Diabetes Mellitus, empleo iatrogénico de medicamentos, Diabetes Insípida, epilepsias, Siclemia y lesiones neurológicas raras como mielopatías o daños neuropáticos a nivel de la cauda equina (cola de caballo).

Solo de pasada es importante mencionar que la encoprexis (incontinencia fecal) no es un trastorno del sueño. Ocurre por alteraciones serias del sistema nervioso y el paciente se defeca en la cama o fuera de esta.

  • Epilepsia nocturna

Las crisis epilépticas que se presentan durante el sueño nocturno son frecuentes. Se desencadenan en la fase IV del sueño No REM. Hay sujetos epilépticos que padecen en conjunto (como comorbilidad) crisis y terrores nocturnos o sonambulismo y a veces, los tres procesos.

En los epilépticos con ataques en horarios circunscritos al tiempo de sueño nocturno junto a las otras parasomnias descritas, asalta la interrogante de si en realidad se trata de posibles automatismos posepilépticos (posictales) y en ellos es muy valioso y eficaz el estudio con registros de EEG de sueño nocturno. En estos casos la terapéutica se dirigirá a la enfermedad de base.

Otro cuadro relacionado es la distonía paroxística nocturna, sin duda un fenómeno epiléptico bien documentado. En niños con estos padecimientos es necesario hacer un cuidadoso diagnóstico diferencial con las “ritmias del sueño”.

  • Ritmias del sueño

Son parasomnias que padece 4% de los niños y ocurren en mitad de la noche, repitiéndose 3 ó 4 veces. Su ritmo es regular, alrededor de 1 por segundo. Los pacientes giran la cabeza, balancean una pierna y algunos logran mover la cama. En muchas ocasiones lo que motiva la consulta es el ruido que generan. A partir de los 3-4 años, desaparecen espontáneamente. Cuando persisten más allá de los 6 años hay que investigar la posible asociación con enfermedades físicas o psíquicas.

  • Jactatio capitis

Es una llamativa ritmia del sueño que consiste en movimientos de afirmación y rotación de la cabeza o de todo el cuerpo. Puede verse en dos tercios de los niños menores de uno año y son más frecuentes en los varones.

  • Parálisis del sueño

Se llama así a un curioso fenómeno, común en sujetos sanos, adolescentes principalmente, descrito por lo general, como una experiencia breve, penosa, de absoluta incapacidad para realizar algún movimiento al despertar, después de un periodo de sueño sostenido. La persona siente estar en perfecta vigilia, sus funciones respiratorias y cardiacas no se alteran, yacen como si durmieran de forma apacible con los ojos cerrados. Perciben un susto enorme, temor creciente y establecen una lucha tremenda por conseguir moverse porque tienen la impresión que de lograr un movimiento, se desvanecerá la parálisis y así ocurre en realidad. Desaparece la parálisis a voluntad o por el efecto del más leve estímulo sensorial, llamar o tocar al presumible durmiente.

Las parálisis del sueño carecen de significado especial, excepto por lo angustiante que resulta. Un pequeño reajuste postural es suficiente y no vuelve a presentarse. Es probable su relación con cierto nivel de ansiedad.

  • Sobresaltos somnolescentes (Oswald,1959)

Sacudidas del durmiente incipiente o muy próximo al despertar, en que se mueven bruscamente las piernas, el tronco o en menor grado los miembros superiores. Se asocia a sueños terroríficos y a fuertes experiencias sensoriales. Empeora con los estados de tensión o de ansiedad.

Son considerados como trastornos del periodo de transición desde el sueño ligero. No se trata de verdaderas mioclonias como se había pensado. Las mioclonias del sueño es propia de etapas profundas en los periodos III o IV y por otro lado, tampoco obedecen a naturaleza epiléptica. De forma bien documentada se ha relacionado la ocurrencia de sobresaltos con evidencias de estrés, fatiga, alucinaciones y síndrome del viajero.

  • Paroxismos sensoriales

Son súbitas sensaciones que provocan el despertar y se describen como una rara experiencia de sentir modalidades bizarras inexplicables. Las más comentadas por los pacientes son: oír o creer escuchar un gran estrépito metálico o como si clavaran algo, ver relámpagos y sentir que están bruscamente alzados del lecho o mojados. El enfermo tiene idea de lo irreal de la sensación, pero no deja de asombrarse con ellas. Algunos en busca de autoexplicaciones, afirman con tozudez momentánea que se trata de un posible toque o llamada inusual a la puerta e incluso van y comprueban en repetidas ocasiones su falsa idea. Esto aumenta el desconcierto y lo relatan con dosis de intenciones esotéricas o metafísicas, pero sin mucho convencimiento. Comúnmente, los paroxismos sensoriales descritos por un mismo paciente son de patrón repetitivo y muy raras veces se quejan de más de un tipo de sensación.

  • Síndrome de las piernas inquietas (SPI) Eeckborn,1945

Es una sensación desagradable en las pantorrillas que obligan a mover las piernas. El paciente lo realiza como si marchara acostado o se fricciona en busca de alivio temporal. Poco frecuente en ancianos, solo 40 %, y la mitad de los casos tienen antecedente familiar. La forma hereditaria sigue un patrón autosómico dominante y los casos esporádicos se han vinculado a la uremia, oligohemia ferripriva, disfunción tiroidea, el embarazo, la neuropatía diabética, la Porfiria y el déficit de ácido fólico. Se ha informado en enfermos con Artritis Reumatoide10.

  • Movimientos periódicos de las piernas (MPP)

Se llama así a un conjunto de polimioclonias que aparecen en el sueño de algunos pacientes. Por su número se clasifican como leves cuando ocurren entre 5 y 20 por hora, moderadas si se observan de 25 a 50 y graves si sobrepasan las 50 por hora.

Tanto los MPP como el SPI, cumplen los criterios de perturbar el sueño a causa de las parestesias que provocan deseos de moverse, la real inquietud motora que producen y la peculiaridad de empeorar de noche.

Los calambres musculares nocturnos pueden afectar también de día y su efecto sobre el sueño es externo, pues son verdaderos dolores en los pies y las piernas de naturaleza muy variada.

  • Fenómenos estáticos

Corresponde a parasomnias caracterizadas por la adopción de posturas peculiares durante el sueño, las que pueden formar parte del desarrollo normal, pero algunas posiciones de apariencia caprichosa junto a la imposibilidad de cambiarlas pasivamente y su marcada persistencia, indican un futuro problema. Con la maduración nerviosa se observa que pasan de unas a otras y las hay que predicen siempre ciertas alteraciones.

  • Posición hipertónica (o de preparado)

Se comprueba en la fase II. Estos niños, de mayorcitos se arrancan los cabellos y consultan a psiquiatras.

  • Cabeza colgante

Por lo general, la cabeza pende fuera de la cama. Es frecuente el antecedente de trauma craneoencefálico.

  • Posición arqueada

Semeja un opistótono. Ocurre en la fase III y es frecuente después de crisis de asma nocturna.

  • Posición de muerto

Se ve al durmiente en absoluta relajación y se ha comprobado que corresponde a la fase II. Posteriormente, desarrollan Enuresis, apneas del sueño y movimientos rítmicos de la cabeza.

  • Postura de brazos estirados

Mantienen las extremidades superiores hacia atrás y arriba, por encima siempre de la cabeza, casi estiradas. Se ve en la fase III. Estos pacientes con frecuencia desarrollan después sonambulismo o somniloquios.

  • Dormir con los ojos abiertos

Ocurre en el principio de las fases II y III. No aparece en las siestas ni durante el sueño REM. Su pronóstico es variable, unos son sanos, pero otros presentan trastornos neurológicos.

  • ¡Dormir en la cama de los padres!

Por su enorme interés (igual que la Enuresis) requeriría un tratado aparte, pero algunas consideraciones son de utilidad práctica.

Del total de niños de 2 a 4 años que duermen en la cama de los padres, 24% desarrollan problemas del sueño. Esta pésima costumbre se asocia a conflictos familiares donde tienen importancia los estados afectivos “depresivos” de la madre, ambivalencia afectiva de la madre con el menor y el padre, ocurrencia de enfermedades o accidentes dentro de la familia cercana y en casos de excesiva ausencia de la madre durante el día. En algunos contextos, este proceder ha favorecido la práctica de abusos sexuales sobre los niños y en general se asocia con perturbación de las diferencias matrimoniales o dentro de la pareja.

Como conducta anómala, refleja inseguridad y psicopatología parental. Interfiere con la necesaria independencia, progresiva del niño y establece un hábito muy difícil de romper y obviamente se relaciona con dificultades del sueño.

Se ha observado que cuando el niño menor de un año duerme en la cama de los padres, tiene poca fase III – IV y mucho periodo I–II, o sea, falta el sueño profundo, reparador, tan necesario para el lactante porque predomina, casi toda la noche, un sueño muy ligero. Esto pude traducirse en siestas inoportunas que distorsionan el plan general diario de funcionamiento en el hogar, al correrse los horarios propios para las diferentes tareas domésticas.

El proceder varía según la influencia de costumbres culturales. En occidente significa rechazo a la hora de acostarse y se ven aumentos de despertares nocturnos, mientras en el oriente es habitual que los niños menores de 4 años duerman con los padres. Se ha reportado 59% en parejas asiáticas y 15% de las familias entrevistadas en los Estados Unidos.

Por lo general estos niños se muestran más cansados o fácilmente fatigables con numerosos despertares nocturnos que indican indudables problemas vinculados al dormir y con el momento de ir a la cama.

  • Bruxismo

Consiste en “rechinar” los dientes y sobre todo aparece después de la pubertad o incluso antes. El trastorno se ve en 30% de los niños y en 5 a 20% de los adultos11. Se han descrito casos de presentación marcadamente familiar. Es más frecuente que surja en ambientes en los que predomine la tensión emocional o la ansiedad notable alrededor de los pacientes. Muchos de estos pacientes se quejan de dolor de cabeza en las mañanas.

Alteraciones respiratorias durante el sueño

Comprende un importante grupo de padecimientos que dificultan el mantenerse dormido, aunque la mayoría de los pacientes no se despiertan, los cuales empobrecen la calidad final del sueño. Reciben el nombre genérico de apneas del sueño y son el resultado de trastornos con frecuencia, otorrinolaringológicos y no necesariamente vinculados a la obesidad como antes se creía, procesos obstructivos cardiopulmonares, cambios estructurales en las vías respiratorias relacionados con el desarrollo, o el envejecimiento y con problemas médicos, además de ser una infrecuente expresión de procesos neurológicos o neuromusculares raros.

Las apneas pueden ser obstructivas, no obstructivas y centrales.

Las obstrucciones de vías con cambios de descompensación cardiopulmonar o sin estos, causan el mayor número de apneas obstructivas del sueño. Se observan de preferencia en los varones y principalmente en las edades de 40 a 70 años.

Estos pacientes presentan alto índice de “ronquidos” y cuadros de atragantamiento temporal que permite la designación de apnea obstructiva. Fuera de su preferencia por hombres mayores, carece de complicaciones.

Se implican en sus mecanismos fisiopatogénicos la obstrucción parcial supraglótica y esta sí puede estar asociada a obesidad. La condición estructural aumenta la resistencia al paso del aire, ante la contracción del diafragma y empeora la ventilación nocturna a nivel faríngeo, lo que demanda mayor esfuerzo respiratorio.

Cualquier obstrucción adicional de las vías respiratorias por Ej. ante un edema alérgico, rinitis o faringo–amigdalitis, incremento de secreciones mucosas (como es frecuente en fumadores) y estrechamientos de por sí, aumentan el riesgo de crear disfunción en la respiración nocturna.

Algo parecido ocurre por estrechamientos constitucionales o secundarios a tumores faríngeos y de la lengua, independientemente de su benignidad o malignidad histológica y en disendocrinias como el hipotiroidismo y la acromegalia.

Las apneas obstructivas recurrentes terminan por despertares breves e insensibles y producen la fatigabilidad diurna que puede ser marcada, somnolencia, deterioro incluso de la personalidad o del modo habitual de conducta, disminución del rendimiento laboral con lentitud o torpeza mental e intelectual, irritabilidad y la sensación de necesitar más tiempo de descanso o de horas de sueño.

En los sujetos obesos se perturba a veces la gasometría diurna con disminución de la presión parcial de oxígeno [ pO2 (g)] e incremento del valor del CO2(g), [pCO2(g)], los cuales, de haber enfermedad pulmonar restrictiva asociada, pueden llegar a las arritmias, la insuficiencia cardiaca, hipertensión arterial pulmonar y la muerte prematura.

Las apneas no obstructivas del sueño ocurren en el transcurso de episodios de insuficiencia cardiaca aguda y grave o en pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). Cualquiera de estas condiciones provocan hipoxia e hipercapnia a la vez que se instala una depresión respiratoria que puede empeorar por la fatiga, empleo (iatrogénico) de fármacos con efecto inhibidor del proceso respiratorio y el propio sueño, convirtiéndose en verdaderas urgencias médicas.

Se llama apnea central durante el sueño a crisis secundarias y por suerte, poco frecuentes que se presentan en el curso de raros trastornos neurológicos progresivos, capaces de disminuir la sensibilidad de los quimiorreceptores de los arcos reflejos del tallo cerebral y centro respiratorio bulbar, ante los aumentos recurrentes de hipercapnia con hipoxia y algunos procesos periféricos como miopatías distróficas, déficit de maltasa ácida, Miastenia Gravis, síndrome pospolio y enfermedades de la neurona motora (esclerosis lateral amiotrófica y parálisis bulbar progresiva ).

Estas enfermedades disminuyen gradualmente la capacidad ventilatoria hasta la incompetencia tisular, manifestándose con disnea de empeoramiento progresivo o descompensación insidiosa de los gases arteriales, lo que produce amortiguación de los reflejos troncoencfálicos, elevación del umbral y aparición de apneas episódicas de gravedad variable.

Dos cuadros importantes en este grupo son la insuficiencia del diafragma (por deficiencia de la maltasa) del adulto y las neuropatías silenciosas del Frénico ocasionadas por lesiones del plexo braquial de diversos orígenes.

De lo mencionado hasta aquí y por los adelantos indiscutibles en la investigación del fenómeno del sueño, se conoce que una de las funciones normales que más modificaciones sufren durante el sueño es la respiración12 y su fisiologismo dista mucho de ser una simple atenuación de la actividad mientras se duerme con respecto a lo observado en vigilia.

El mecanismo que permite la terminación del episodio obstructivo de la vías aéreas superiores durante el sueño es el “arousal” y a su vez el elemento más importante en la fragmentación del sueño de los pacientes con trastornos respiratorios durante el mismo.

Los estudios fisiológicos han permitido delinear dos síndromes diferentes dentro de las apneas obstructivas del sueño:

  • Síndrome de aumento de la resistencia en las vías superiores (SARVAS)
  • Síndrome de apnea obstructiva del sueño (SAOS)

El SARVA provocado por la hipoxia–hipercapnia de la insuficiencia respiratoria, parte del incremento de la resistencia al paso del aire por las vías superiores o altas. Los pacientes son habitualmente delgados y se muestran con aspecto fatigado al día siguiente, pobre estado de ánimo, poco rendimiento intelectual y ronquidos menos constantes de lo que cabría esperar.

Con frecuencia se asocian a Hipertensión Arterial (como muchas roncopatías crónicas sin hipoxia), por estimulación del sistema autonómico simpático de origen respiratorio y su incidencia se calcula igual para ambos sexos.

El SAOS13 es distinto porque no aparecen apneas ni hipopneas o desaturación arterial significativas de la [pO2], excepto cuando las apneas sean exageradamente recurrentes. Se reporta en 2 a 10% de la población y tiende a aumentar con la edad14. Algunos presentan MPP asociados y cefalea matinal.

En ambos trastornos se ve fatiga y somnolencia diurna por igual y requieren similar rehabilitación porque son muy numerosos los despertares que ocasionan los brevísimos episodios obstructivos repetitivos durante la noche y la ostensible disminución de la calidad del sueño.

Por último es importante mencionar las apneas hípnicas o alteraciones respiratorias del lactante que suelen ocurrir centenares de veces en la noche. Estas duran por lo general 10 a 20 segundos, pero pueden llegar hasta los 2 minutos. Se vinculan mucho a obstrucciones de las vías altas, movimientos pobres del diafragma y a formas mixtas, en ocasiones relacionadas con arritmias cardiacas. Son consideradas como causa de muerte súbita en los menores de un año.

Un proceso emparentado o no relacionado con la obesidad (Picwic) se ve en adultos y se puede diferenciar de la NC o la hipersomnia nocturna por la dificultad para despertarse totalmente, pero no conforma un entidad.

Otras alteraciones del sueño

Trastornos del arousal

Arousal (del Inglés, despertar) es un termino anglosajón, de uso muy extendido15 en la literatura médico–científica cuya traducción al Castellano parece restarle significado. Se puede entender como alertamiento transitorio durante el sueño, consecuencia de estímulos exógenos, endógenos o por elevado nivel de activación corporal.

Se describen un hiperarousal, hipoarousal y microarousal y su precisión polisomnográfica (PSG) muestra una rápida desincronización de la electrogénesis cerebral, acompañada de activación muscular y autonómica o sin estas.

El hiperarousal es propio del insomnio y provoca sintomatología diurna que consiste en astenia y fatigas propias de los cuadros reumáticos de la Fibrositis, en la cual, los pacientes al levantarse en la mañana expresan la sensación de no haber dormido y perciben dolores osteomioarticulares por todo el cuerpo, principalmente en la espalda y el cuello posterior.

El hipoarousal se ha relacionado con el síndrome de muerte súbita. Sin embargo, los valores de normalidad del arousal y su significado clínico se ha prestado a interpretaciones polémicas. A pesar de esto, su empleo en Medicina del Sueño gana espacio rápidamente.

En definitiva, la fragmentación del sueño y la deprivación del mismo se ha podido vincular estrechamente con la somnolencia diurna y con los déficit cognitivos. Además se ha encontrado relación entre los alertamientos nocturnos y la generación de excesiva somnolencia de día, causada directamente por la fragmentación del sueño nocturno. También hay hiperarousal diurno que es motivado por una deficiencia en iniciar y mantener el sueño.

Se ha reconocido que perturbaciones del arousal, se relacionan con dificultades no solo del sueño como los terrores nocturnos y casos de sonambulismo, sino también con procesos de deficiencia inmunológica con importante volumen de estudio para la Psiconeuroinmunología.

Comorbilidad de algunos trastornos del sueño

Los pacientes con úlcera péptica presentan alteraciones de la secreción del ácido clorhídrico durante el sueño REM, lo que no ha pasado de ser una observación.

Los enfermos con coronariopatías arterioscleróticas tienen cambios en el electrocardiograma (ECG) en la fase REM y este hallazgo se relaciona con anginas nocturnas.

Las crisis de asma bronquial no tienen que coincidir con determinada fase del sueño, pero en esto pacientes se aprecia disminución de la etapa IV (falta de sueño profundo, reparador), despertares frecuentes y poco porcentaje de sueño tranquilo que provocan una marcada sensación de cansancio al levantarse.

El hipotiroidismo se acompaña de disminución del sueño No–REM en sus fases III y IV. Cuando los sujetos exhiben funcionamiento eutiroideo, el sueño es normal.

Los estudios de PSG a los enfermos con demencia senil tipo Alzheimer, muestran disminución del sueño REM y de la fase IV No–REM. Al avanzar la enfermedad, es un biomarcador la progresiva inversión del ciclo sueño–vigilia junto a la segmentación del 90% del sueño total.

En las depresiones endógenas (Psicosis maniacodepresiva,PMD) se observan latencias de REM cortas y aumento del No–REM en mitad de la noche, mientras que los deprimidos, en general, tienen dificultad en conciliar un sueño reparador, frecuentes despertares y llegan a la vigilia definitiva muy temprano, lo que repercute en su agotamiento de base e incrementa su sensación de desaliento y desánimo.

Se acepta la existencia de relación entre la inteligencia (el inteligir) y la calidad del sueño REM, pero abundar en el tema sería especular por el momento.

En el síndrome de Down, la Fenilcetonuria, y en algunas lesiones estáticas del SNC se ve disminuido el sueño REM y la fase IV del No–REM.

Los sujetos adictos al alcohol y a drogas barbitúricos u otros sedantes hipnóticos, presentan reducción del sueño REM.

Hay dos situaciones médicas que no son disfunciones primarias del sueño, pero dada su capacidad de perturbar el dormir merecen un comentario. Se trata de la parálisis de presión y las acroparestesias.

Se llama parálisis de presión durante el sueño a cuando una extremidad permanece inmóvil en una postura incómoda durante 30 minutos o más y según sea el área principal de apoyo, se interrumpirá la circulación intraneural (vasa nervorum) de los nervios por lo común, cubital, radial o peroneo; lo que produce una parálisis sensorimotora que dura horas, días o más, de acuerdo con la severidad de la compresión ejercida. Esto cuadros son frecuentes en pacientes con intoxicaciones alcohólicas y cae en el terreno de las mononeuropatías focales, que asustan tremendamente al paciente quien se acostó “normal”.

Las acroparestesias se perciben como hormigueo, picazón o alfilerazos en los dedos y las palmas de las manos, al despertar. Son más frecuentes en las mujeres y amas de casa, puérperas y sujetos obesos. Pueden adoptar la modalidad dolorosa que es independiente de la postura asumida al dormir, cuando el nervio afectado es el Mediano. Por lo común no se ven atrofias de los músculos abductores u oponentes del dedo pulgar y región tenar como expresión de un síndrome del túnel del carpo, aunque los estudios de neuroconducción confirman el compromiso neurítico. Es frecuente escuchar quejas semejantes en enfermos con Artritis reumatoide, mixedema y Mieloma múltiple. Las molestias, obviamente, provocan un insomnio secundario.

Datos epidemiológicos de algunos trastornos del sueño

No se cuenta con estudios serios de la epidemiología de las alteraciones del sueño, pero hay algunos reportes sobre la frecuencia de algunos procesos.

Según la encuesta de Eyberg (1994) realizada a padres de niños de 2 a 12 años, se encontró dificultad para acostarse en 14,2%.

Se ha estimado que aproximadamente 30% de los niños menores de 5 años presentan problemas o alteraciones de sueño de diverso orden. Los niños con problemas de sueño en los primeros 6 meses de vida tienen 3 veces más posibilidades de padecer dificultades a los 5 años y 2 veces más a los 2 años.

Los despertares nocturnos se aprecian en 46,6 a 53,3% de escolares y lactantes, respectivamente y el promedio estimado es de 3 cada semana.

Los problemas del sueño alcanzan su máximo pico en el segundo año de edad.

Se observan largas latencias del sueño en 11,3 % de niños de 5 a 12 años y despertar nocturno en 6,5%, fatiga relacionada con trastornos del sueño en 17%. Las dificultades en iniciar el sueño se relacionan fundamentalmente con miedos, despertares, alteraciones médicas o psíquicas y antecedentes familiares de problema con el sueño.

Hay trabajos que reportan el 16,5% de los adolescentes de 17 y 18 años como malos durmientes y de estos, 19% de las hembras y 11,7% de los varones tienen asociados factores emocionales, algunas parasomnias y mala higiene del sueño.

La literatura recoge que 14% de los niños de 5 a 18 años tienen somniloquios y 14 a 21% son sonámbulos, sufre pesadillas e igual proporción padece de Bruxismo.

Otras estadísticas sobre trastornos del sueño en adolescentes de 13 y 14 años muestran 50,4% de “sensación de caída al dormirse” en más de 2 noches por semana. Tienen despertar nocturno una vez a la semana 45,6% y 34,4% demoran más de 20 minutos de latencia. Se quejan de sensación de movimientos agitados de los miembros 29,5% y muestran sonambulismo tranquilo una vez a la semana 6,7%, mientras que 5,2% son sonámbulos activos con igual periodicidad y 3,7% articula somniloquios, al menos una vez a la semana.

Las cifras expuestas proceden de casuísticas personales, entrevistas o encuestas y estadísticas institucionales, no extrapolables, pero ayudan a formarse una idea de algunos aspectos cuantificables de los trastornos del sueño.

Conducta ante los trastornos del sueño

Para evaluar las alteraciones del sueño existen diferentes instrumentaciones. Se puede emplear entrevistas, obtención de relatos sobre la dificultad, aplicar cuestionarios validados como el “Cuestionario Matutino del Instituto de Karolinska”16, revisar diarios del enfermo o llevados por un familiar o cuidador, registros de sueño (previamente orientados), observación directa del paciente y con el uso de alguna tecnología; sobre todo, video– polisomnografía (V–PSG) y actigrafía. Resultan útiles los videos caseros.

El médico en la atención primaria, escalón inicial y básico en la asistencia a pacientes con trastornos del sueño, debe partir de conocer, a través de la necesaria capacitación, los diferentes procesos, sus características y encararlos igual que otros problemas clínicos.

Un enfoque de utilidad práctica probada es tomar como paradigma al IHI. En el primer nivel de asistencia (y en los subsiguientes) hay que tener en cuenta que muchas alteraciones no se relacionan con el mundo del sueño. Por Ej. algunos insomnios infantiles son expresión de síndromes de hiperactividad con déficit de atención (SHDA) o de fracaso escolar, la no progresión normal de medro se vincula a la ocurrencia de apneas–hipopneas nocturnas y casos de narcolepsias pueden haber sido confundidos con crisis comiciales.

Es necesario recordar que los niños hasta los 3 ó 4 años pueden ser grandes dormilones nocturnos, sin ser por obligación dormidores de siestas, pequeños dormilones nocturnos que a veces son grandes dormidores de siestas y saber que ellos duermen un promedio de 93 minutos de esta manera. También los hay pequeños dormidores diurnos, cuyas siestas duran aproximadamente 11 minutos; y todos son normales.

En los primeros 18 meses de edad, los problemas del sueño son circunscritos y no se relacionan con otras perturbaciones del comportamiento. A partir de este tiempo los niños con problemas del sueño, suelen tener alteraciones de conducta a los 3, 5 y 10 años.

Muy útil resulta la confección de una detallada anamnesis donde se recoja el ritmo circadiano seguido por el paciente y la familia, los antecedentes de esta y tener la certeza de que el sueño nocturno forma parte del ciclo circadiano de 24 horas. Es importante especificar la hora habitual de acostarse y dormir el enfermo, describir el ritual del presueño, la duración del período de latencia y las medidas empleadas usualmente para ayudarlos.

Puede recomendarse llevar un diario o registro de sueño a completar durante dos semanas por la familia. En ocasiones se logra un video tape casero que puede ser muy valioso al mostrar el íntimo binomio madre–hijo o niño–familia y hacer evidente fallas del sueño.

Es imprescindible practicar un examen clínico completo y con los resultados, la evaluación del diario o registro, se procede a efectuar el diagnóstico positivo y diferencial.

No se debe olvidar que los padres dramatizan las descripciones y habitualmente se refieren a la peor noche. A menudo, la única diferencia entre un niño que duerme toda la noche y otro que parece despertarse con frecuencia, no radica en el número de despertares sino en la habilidad del otro en volverse a dormir.

Hay que indagar como funciona el acoplamiento, cuya implicación en el insomnio de los tres primeros años de vida está bien documentada. Por el tipo de acoplamiento se encuentra 66% de niños seguros, con poco estrés por separarse de la madre a la que reciben sonrientes y son los de mejor pronóstico. Otro 20% clasifican como inseguros–evitadotes. Estos extrañan poco, pero después rehuyen el contacto con la madre o figura del cuidador y su tratamiento es más difícil con requerimiento casi seguro del manejo de un especialista. El 14% restante corresponde a niños conflictivos, inseguros, ambivalentes y muy resistentes (inseguro–resistente). Ellos no consienten la separación de la madre y de ocurrir esta, genera mucho estrés, además de tornarse la reunión posterior con la figura materna u otro, muy difícil. Generalmente requieren del concurso de un experto para ser atendidos.

Sobre las nefastas consecuencias de dificultades con el acoplamiento, aún están frescos en la memoria de muchos, la experiencia de los niños criados en el sistema de Kibutz en el Estado de Israel. Allí los niños dormían juntos, pero separados de sus familias y sus frecuentes y largos llantos nocturnos eran ignorados. Esos niños de un ayer reciente, pueden ser los soldados israelíes de hoy. Por suerte, el sistema ya no se practica.

Al conjunto de datos que se obtengan en la primera aproximación integral al paciente, se agregará el relato sobre la conducta asumida en el hogar tanto al inicio del sueño, como durante los despertares nocturnos y se completará la visión general con la historia médica y psicosocial, características de la vivienda y el dormitorio, así como el uso de luces. Se evitarán palabras vagas o absolutas como: mucho, siempre, nunca; y se preferirá especificar el número concreto de despertares, su duración y presentación cada noche o frecuencia dentro de la semana.

Las conductas anómalas como dificultades para mantenerse dormido, ya sea por imposibilidad en iniciar el sueño o para mantenerlo, entran de lleno en el marco de la atención primaria de salud. Solo si se comprueba un real fracaso en la aplicación de las medidas instructivas convenientes, es que se debe remitir al especialista en sueño o profesional más afín con el trastorno.

No olvidar que los niños se recobran más rápido si la recuperación ocurre en el horario nocturno habitual, de no ser así, lo harán en el ciclo siguiente de sueño normal.

En realidad los problemas del sueño son minoría y solamente se puede pensar en alteraciones psicológicas u orgánicas, si persisten y cobran mucha importancia, dentro de la amplísima variedad que muestran la velocidad de reorganización interna y las demandas externas con grandes diferencias individuales en el desarrollo psicomotor.

Las circunstancias capaces de interferir con el sueño son numerosas y los tratamientos requieren ser individualizados. Cuando el insomnio se torna sostenido y refractario o crónico, primero hay que seguir lineamientos generales y añadir medidas específicas a cada paciente en particular en dependencia sobre todo de la edad.

Las medidas más recomendadas son:

ü  Procurar horarios constantes y acortar el tiempo en la cama.

ü  Conservar la regularidad del horario de acostarse y levantarse con el fin de semana incluido.

ü  Convencer y asegurar que el insomnio no deteriora la salud.

ü  Explicar que las personas, obviamente, solo reconocen el tiempo que están despiertas y que por lo común, se duerme más de lo que uno piensa.

ü  Suspender la ingestión de bebidas alcohólicas y fármacos psicoactivos.

ü  Disminuir el café y el té.

ü  Recomendar la actividad física y dentro de lo posible la realización de ejercicios.

ü  No disfrutar de siestas.

ü  No fumar.

ü  Aliviar los dolores.

ü  Evitar las cenas nocturnas y evitar la ingestión de carnes rojas.

ü  Orientar un baño caliente de noche.

ü  Tratar las depresiones.

ü  Ofrecer tranquilidad, sugerir lecturas y el escuchar música.

ü  Se puede instalar un sonido constante y bajo de fondo, monótono como un ventilador, cuando sea necesario amortiguar ruidos ambientales.

ü  La prescripción de sedantes se hará raras veces, a bajas dosis y por menos de tres semanas.

Como estrategia con los medicamentos, se ha sugerido su administración solo dos o tres noches e interrumpir y alternar con dosis decrecientes. Las drogas utilizables coadyuvan a corto plazo únicamente y se ha comprobado que disminuyen el periodo REM y la fase IV del sueño profundo.

Se ha usado el Secobarbital en dosis de 100 a 200 mg, 15 ó 20 min. antes de acostarse. Este barbitúrico depriva de sueño REM. También se emplea el Fluoracepán que se sabe suprime la fase IV y pierde su eficacia en 2 a 3 semanas cuya dosis recomendada es 30 mg. Aunque en desuso ha sido muy recomendada la dosis de 1 a 2 g. de Hidrato de cloral y 500 mg de Glutecimida (Doridén), los cuales disminuyen el REM.

Dentro de los psicofármacos se prefiere en la actualidad el Zolpidén y el Trizolán. Cuando se sobrepasan los 0,25 mg dañan la memoria y provocan sensación de embriaguez. Ambos son inductores de sueño, mientras que las benzodiazepinas son mantenedoras de sueño y sus metabolitos intermediarios desalquílicos ocasionan efectos colaterales 10 a 14 días después de administrados.

El mal uso de los desgraciadamente extendidos sedantes, no puede continuar siendo una muleta de por vida. Así es muy raro que se solucione un disomnia, tienen que ser una medida transitoria. Sí se debe intentar descubrir y corregir las dificultades situacionales, psicológicas y convencer de la inmerecida importancia que se atribuye al insomnio. El organismo siempre obtiene el sueño que necesita.

Recordar que dentro de los efectos indeseables de muchos medicamentos se encuentran estreñimientos de difícil solución y posibles complicaciones locales, fatigabilidad, poca energía y fuerzas, así como interferencias con el proceso de recuperación del paciente, producto de la habituación perniciosa. También hay que tener presente que la supresión de los fármacos no puede ser brusca, si no se realiza gradual y lentamente, perturba la mente e incluso puede ocasionar convulsiones.

En parasomnias como el síndrome de las piernas inquietas (SPI) y de movimientos periódicos con las piernas(MPP) no han demostrado efectos notables la administración de carbamazapina, L–dopa con inhibidor periférico de carboxilasa, ya sea carvidopa o benserazida, la oxicodeina ni el propóxifeno como narcóticos de baja potencia.

Después de descartar causas secundarias y tratarlas, se recomienda con mayor éxito el Clonazepán en dosis de 0,5 a 2 mg. y la bromocriptina.

Para el molesto Bruxismo el uso de un “protector” dental, aminora el ruido (rechinar) y disminuye la aparición de cefalalgia matinal. Muchas veces se requiere atención psiquiátrica del estrés de base y de la frecuente ansiedad de estos enfermos.

El Lorazepán ha resultado beneficioso para tratar el sonambulismo en dosis de 0,5 a 2 mg. y en segundo lugar el Clonazepán cuando se usan de 0,5 a 3 mg. Es importante recordar que a los sonámbulos hay que protegerlos a través de modificaciones en su entorno hogareño inmediato porque pueden sufrir accidentes durante la ejecución de los automatismos hípnicos rutinarios, a pesar de dar la impresión de estar alertas por la modalidad de sonambulismo semidespierto.

Para los pacientes con narcolepsias se debe programar siestas breves y hay que apoyarlos con medicación psicoestimulante como el metilfenidato o la dextro anfetamina (hasta 60 mg.) o con Pemolina cuya dosis máxima es 112,5 mg. y se tolera durante 6 a 12 meses. También son útiles los antidepresivos como la Desipramina e Imipramina con “vacaciones” de un día cada semana.

A los enfermos con Apnea del sueño se le indicarán medidas generales con la intención de regular el peso corporal, ejercitación física, prohibición de bebidas alcohólicas y específicamente, la aplicación de ventilación con uso de mascarilla facial, cuyo único inconveniente es la posibilidad de algunas fobias17 descritas en ciertos sujetos predispuestos con personalidad neurótica. Se administra presión positiva continua de aire (PPCA) en las vías respiratorias durante toda la noche. Con esta técnica en la cual un aparato introduce aire a presión por la nariz, salvando la obstrucción, mejora el 90% de los pacientes y llega a ser curativa si se cumplen todas las medidas. Junto al padecimiento mejora la insuficiencia cardiaca en los enfermos con EPOC.

Antes se recurría a la cirugía y se practicaban traqueotomías, afortunadamente ya abandonadas como proceder, aunque hay casos extremos que pueden necesitarlas y es obligado ofrecerles ventilación artificial. Algunos sugieren emplear broncodilatadores como la teofilina. En la actualidad, tanto en el SARVAS como para el SAOS, la técnica de PPCA ha constituido un rotundo éxito terapéutico.

En cuanto a los ancianos, estos deben recibir una atención especial. Igual que los niños, son un grupo con características específicas. Ellos presentan alteraciones globales del sueño con despertares, disminución de fases lentas profundas y aumento de estadio I, lo que al sumarse a la reducción del tiempo de sueño nocturno, hace que perciban menor calidad del sueño y por lo tanto, de la vida. Hay ancianos dormidores largos y cortos, aunque estos aumentan paralelamente con la edad18.

Desde el punto de vista estructural, se explican algunos cambios por la pérdida real de neuronas durante el proceso del envejecimiento en sitios de “marcapasos”, núcleos supraópticos y vías aferentes visuales que modifican el ritmo circadiano de sueño–vigilia, el control de la temperatura y los niveles hormonales. Estas condiciones dan lugar a que la persona mayor sufra afectaciones en la cantidad y calidad del sueño y en general se sienta menos satisfecho al despertar en la mañana.

Por todo lo anterior resulta imprescindible al tratar dificultades del sueño en la tercera edad, determinar la presencia de hábitos incorrectos, trastornos psicoafectivos (muy frecuentes), enfermedades orgánicas (esperables), consumo de psicotónicos, cuadros de agitación nocturna y caídas19. Estas situaciones demuestran que la impresión diagnóstica integral en edades avanzadas también se fundamenta en relatos del interesado y allegados, además de la observación cuidadosa del paciente y su entorno.

El tratamiento será médico e higiénico. Es provechoso programarle vigilias estimulantes para el anciano, capacitarlo o intentar instruirlo en lo posible sobre el fenómeno del sueño y sus mitos, así como en los cambios propios de su condición. Han sido muy útiles las acciones comunitarias con escuelas dirigidas al adulto mayor, jerarquizadas por geriatras y psicólogos, pero perfectamente al alcance del médico de familia, quien será el mejor y más aceptado promotor de salud por su estrecho contacto con la población. En las “Escuelas del adulto mayor”, entre muy variados asuntos, se puede enfocar el sueño y sus peculiaridades.

Debe procurarse establecer horarios de sueño fijos y evitar los medicamentos, sobre todo la autoprescripción, enseñar técnicas sencillas de relajación muscular o recomendar otros procedimientos de probada eficacia como las disciplinas orientales de Qigong (Chicun) o el Liang Gong y las “Ocho joyas”, además de algunas posturas (asanas) yogas.

Solo en casos excepcionales, se emplearán hipnóticos de nueva síntesis y baja influencia sobre las posibles apneas del anciano. Para estos se puede recurrir al Zolpidén y la Zoplicona.

Finalmente, es bueno recordar que incumbe al médico de la atención primaria interesarse y evaluar la calidad subjetiva del sueño, dada por la sensación de haber dormido bien o mal. Es posible valorar la función restauradora mediante preguntas que debe responder e sujeto al levantarse y la herramienta más a la mano es el cuestionario de Karolinska, no costoso y fácil de aplicar sin equipamiento alguno.

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1 Dr. Rolando J. Naranjo Álvarez

FCM “M. Enríquez” / Áreas de Salud de Guanabacoa

Especialista de II Grado en Neurología

Master en Psiquiatría Social

Instructor de Fundamentos Biológicos del Comportamiento

Correo electrónico: rnara@infomed.sld.cu

 

 

 

 

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